Él la observaba infinita, con una luz enceguecedora que se mezclaba y revolcaba con sus deseos mas intensos de verla, se ataba a su vez, cada vez mas fuerte a esa baranda para no saltar al vació tratando de abrazarla y hacerla suya de una vez por todas, y ella seguía ahí, inmóvil, observándolo con sus ojos de niña consentida.
Copyright © Adolfo Tarazona Tarazona
20/05/12
lunes, 21 de mayo de 2012
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